Era una noche oscura y tormentosa cuando los científicos decidieron inocular al simpático e inocente Pinky con feromonas de Piper Perri ratona.
Y bombardearon la próstata de Cerebro con testosterona enviagrada de Mandingo radiactivo.
Pinky no sabía cómo esquivar las embestidas de su socio cabezón y roedor.
Cerebro no tenía UN GRAN CALIBRE, pero Pinky estaba cansado de tanta fricción.
"Oye, Cerebro, ¿qué vamos a hacer esta noche además de tener sexo?"
"No sé tú, pero yo haré lo que hago todas las noches de un tiempo a esta parte, Pinky. Deslactosarme en tu ano."
Los científicos habían estado probando diversos lubricantes ratoniles para luego ensayarlos en cobayos humanos, como por ejemplo, en el Maestro Splinter de las afamadas Tortugas Ninja.
Pero si bien Pinky sólo se dejaba hacer ante los embates de su férreo compañero, se alejaba para llorar.
"¿Por qué lloras, Pinky?", inquirió Cerebro.
"Tú sólo me usas para saciar tu lujuria, Cerebro. Tú no me amas... ¡nerf!", gimió un inconsolable Pinky.